La campaña internacional contra la pesca industrial de anchoveta tiene un nuevo capítulo. El reportaje de The Outlaw Ocean, “El precio más allá del plato”, busca poner bajo sospecha a la industria que produce harina de pescado, un insumo fundamental para la acuicultura mundial. Pero una investigación rigurosa debe distinguir entre hechos comprobados, sospechas y actividades ilegales.
El reportaje presenta imágenes y situaciones que, según nuestra revisión, no corresponden a los procesos de las empresas industriales formales, sujetas a controles y fiscalización desde la extracción hasta el procesamiento. También recoge casos cuestionados cuya situación requiere contexto y verificación. ¿Es justo trasladar esas sospechas al conjunto de una industria?
Paradójicamente, varias escenas descritas parecen evidenciar precisamente el problema de la informalidad y la ilegalidad: operaciones sin controles adecuados, manipulación de recursos sin garantías sanitarias y posibles desvíos de materia prima. Estas prácticas deben investigarse y sancionarse, no utilizarse para estigmatizar a quienes operan legalmente.
La diferencia importa. La pesquería industrial peruana de anchoveta funciona bajo cuotas, investigación científica del IMARPE, fiscalización y mecanismos de control. No es perfecta ni está exenta de desafíos, pero tampoco puede juzgarse ignorando su marco regulatorio y sus avances.
En 2026, la OCDE destacó como de primer nivel mundial aspectos de la gestión pesquera peruana, sustentada en investigación científica y análisis, y resaltó el modelo adaptativo de manejo de la anchoveta.
La sostenibilidad exige transparencia y rendición de cuentas. Pero también rigor, contexto y responsabilidad al informar. Denunciar la ilegalidad es indispensable; convertirla en una acusación contra toda una industria es injusto. La verdad merece algo más que un titular impactante.
